CONCLUSIONES

La alta resistencia que se consigue empapando masas de fibra de vidrio con resinas de poliéster produce unos barcos extraordinariamente longevos. Con poco mantenimiento se mantienen años, y sus características mecánicas y de estanqueidad no disminuyen. De hecho, el tiempo ha demostrado que lo verdaderamente difícil es deshacerse de un casco o una estructura estratificada cuando está obsoleta: cuesta triturarla, aplastarla o quemarla. Ello refuerza el aspecto de inversión a largo plazo que tienen los barcos de recreo, cuya vida se supone mucho mas larga que, por ejemplo la de un automóvil. Pero esto no impide que el mismo laminado se fatigue con el tiempo y el uso, si es sometido a esfuerzos mayores que aquellos para los que ha sido calculado. Los barcos de fibra tienden a reblandecerse con los años, tanto en su estructura básica como, y sobre todo, en sus puntos de contacto con los herrajes, la quilla, el timón y los orificios.

El único nubarrón es este horizonte es la ósmosis, verdadero cáncer del estratificado. Por lo que se sabe, puede afectar a cualquier barco, incluso a los construidos por los mejores astilleros. Su aparición es probable entre los siete y los diez años de vida del casco.

Aunque la técnica de su curación ha avanzado notablemente, es difícil ofrecer garantías a los cinco años de una reparación, lo cual significa que cuando aparece ya no se puede estar tranquilo. Es de esperar que se avance en este sentido y se encuentre una solución más efectiva.