Fuente: Revista YATE 1996  Nº 352

A bordo de grandes yates, pero también con mayor frecuencia en los pequeños, la energía hidráulica se emplea para accionar diversos elementos. El uso de fluidos evita muchos de los problemas de la electricidad, sobre todo cuando los equipos trabajan en lugares expuestos a los elementos.

Por: Manuel Figueras

Otras ventajas de los sistemas hidráulicos sobre los eléctricos son que pueden producir mayor par, empuje o trabajo en un espacio dado, que las velocidades varían de forma continua dentro de una amplia gama y que pueden controlarse potencias, velocidades, empujes y desplazamientos dentro de límites mucho más precisos.

Se considera fluido la sustancia en cuyo interior las moléculas se mueven libremente entre sí. Tanto gases como líquidos cumplen estas condiciones, pero la concentración de las moléculas es superior en los líquidos que en los gases, hasta el punto de que el grado de cohesión entre dichas moléculas hace que los líquidos estén obligados a mantener un volumen fijo.

Por tal motivo los líquidos son muy poco comprensibles. Por ejemplo, ejerciendo una presión de un kilogramo por centímetro cuadrado sobre el agua sólo se ocasiona una compresión de 0,0000479 de su volumen. Así, aplicando una presión de 600 kg/cm2 únicamente lograremos una reducción de 0,0000479 x 600 = 0,0287, es decir cerca del 3% del volumen del agua.

Pero, siendo la viscosidad la resistencia que ofrece un fluido a las tensiones cortantes, si en lugar de agua empleamos aceite podremos no sólo aprovechar las cualidades lubricantes de este fluido, sino que, gracias a su relativamente alta viscosidad, reduciremos las posibles pérdidas a través de pequeñas holguras de la instalación sin necesidad de utilizar juntas.

De acuerdo con el principio de Fascal, la presión por unidad de superficie ejercida sobre cualquier punto de una masa líquida se transmite íntegramente en todas direcciones, y obra con la misma intensidad sobre todas las superficie, en direcciones perpendiculares a ellas. Por tanto, jugando con las áreas superficiales es posible utilizar el fluido hidráulico como una gran palanca que actúe con la fuerza requerida. Además, la velocidad de circulación del fluido puede ser muy elevada, ofreciendo así una respuesta casi inmediata.