Navegando el Caribe Sin Motor
Navegando el Caribe Sin Motor
La última entrega de los relatos de mis aventuras a bordo del Puxador terminó en una situación complicada, cuando el barco de un amigo rompe su segundo timón y queda a la deriva, en la desembocadura del Amazonas, Brasil. Eso sucedió en Noviembre del 2024.
Voy a saltar un poco en el tiempo, dejando el desenlace de esa situación para otra entrega, junto con la navegación del Amazonas al Caribe y los lugares que exploré durante 2025.
Vamos a Febrero de 2026. Me encuentro en la isla de Fourchue, que pertenece a Saint Barthelemy, el destino turístico más caro del mundo. Las separa un canal de 2.5 millas.
A bordo del Puxa, por supuesto que está Anclita, mí fiel compañera perruna, nacida en las islas de Rosario y que ya visitó 15 países. Además, están Jessy y Lisa.
Jessy es profe de yoga. Organiza retiros en veleros, y desde hace algo más de un mes está trabajando en equipo conmigo. Lisa, es una clienta de Jessy.
Lisa había embarcado en la isla de Saint Martin hace algunos días, y como parte del Retiro, había tenido su clase de Yoga en Fourchue.
Ahora teníamos que navegar 5 millas hasta Gustavia, la capital de St Barths (Barthelemy)
Luego del almuerzo, zarpamos. El retiro de yoga incluye clases de navegación a vela (por mí cuenta), por lo que icé la mayor a tope y desplegué el foque. La genoa estaba estibada dentro del barco, los días previos había soplado bastante.
Lisa en el timón, intentamos cruzar el canal que separa ambas islas, pero la corriente era fuerte y había poco viento, por lo que decido apoyar a motor para llegar a la bahía de Gustavia antes que caiga la noche.
Terminando de cruzar el canal, mí oído percibe una leve caída de RPMs del motor que me llama la atención. Miro el escape y veo un humo blanco por lo que rápidamente paró el motor.
Le digo a Jessy que mantenga el rumbo que voy a revisar el motor. Por el color del humo, sospecho del circuito de refrigeración.
Si hay algo que ya metí mano en el Nanni, es en el circuito de agua, así que rápidamente hago todos los chequeos: el rotor está ok, y le llega agua de la toma de mar. El termostato está ok y los pequeños ductos “de alivio” (para cuando lo termostato está cerrado) están limpios.
Soplo por las mangueras que van al motor y al escape y el aire circula sin problema.
Desconecto la salida de la bomba de agua, y al girar el burro, tira agua con presión normal.
Qué raro! Hablo con mí amigo Rosarino que siempre me salva las papas con la mecánica, no sé le ocurre nada. Probá de arrancarlo me dice:
El motor arranca enseguida, como siempre, pero hace un ruido raro y humea. Lo paro.
Salgo al cockpit a ver cómo iba la navegación. El rumbo era malo, así que tiramos un borde. El nuevo rumbo era peor aún, directo a las piedras al final de la bahía, así que al poco tiempo tiramos otro borde.
La tarde empezaba a caer y con ella también el viento.
Teníamos que ganar barlovento pero sobre todo ganarle a la corriente en contra, que en esa zona corre de Sur a Norte a 1.5 nudos aproximadamente.
La situación a bordo, por suerte, estaba más que tranquila.
Estas circunstancias, con tripus y amigos, es una cosa. Pero con un cliente de un retiro de yoga, es otra, ya que esperan un “servicio de lujo”.
Pero por suerte el único preocupado era yo, pensando en cual sería el problema del motor y cómo resolverlo. Jessy y Lisa disfrutaban la navegación durante el atardecer.
Casi sin progresos contra la corriente, decido tirar otro borde. El viento seguía disminuyendo y nos estábamos alejando de la costa.
Riesgo no había.
A sotavento / sota correntada, teniamos Fourchue. Y 15 millas más lejos, Saint Martin.
El principal problema era que Lisa tenía reservada una salida de buceo, a la mañana siguiente, en St Barths. Por lo tanto volver no era una opción. Había que llegar y cumplir con el cliente.
Lentamente, derivados por la corriente, nos acercamos a la isla. Ya era completamente de noche.
La zona de fondeo de veleros es frente a Gustavia, una milla a barlovento. Pero no iba a haber manera de llegar allí con esas condiciones de viento casi nulo y corriente.
De hecho, con el viento disminuyendo, ya empezaba a preocuparme si iba a llegar a la costa de la isla o iba a ser derivado y terminar en el canal que la separa de Fourchue.
Pero lo más desafiante de todo: los lujosos megayates fondeados en la zona a la que nos dirigíamos.
Y hablo de megayates en serio. Muchos de ellos con su propio helipuerto.
“A ese le pasó por proa” pensaba… y estando cerca, no me quedaba otra que apuntarle a la popa. “Bueno al próximo sí lo paso por proa” Y tampoco. Así fueron varios. No podía evitar caer por la deriva de la correntada y cuanto más me acercaba a la costa, menos viento, reparado por estos monstruosos hoteles de lujo flotantes.
El Puxa iba despacito y silencioso, solo con luz de navegación, pasándole finito a los megayates, con la mirada sorprendida de algunos marineros de punta en blanco. Quizás pensaban que éramos verdaderos piratas que nos acercábamos sigilosamente.
A menos de 500 metros de las piedras donde termina la bahía, en el último rinconcito viable y sin megayates cerca, solté el ancla.
Llegamos!!!
Nos levantamos temprano: había que hacer migraciones y llevar a Lisa a tiempo para su salida de buceo. Teníamos que hacer 1.5 millas en el dinghy (que es lento, no planea), hasta Gustavia.
Para la logística de los próximos días, decidí que era mejor llevar el barco a Gustavia. Así que puse manos a la obra: no en el motor interno del barco, sino preparando el “soporte para fuera de borda”.
Esto ya lo había probado en Rosario: en la escalera de popa, instaló el espejo plástico (donde se cuelga el fuera de borda en el balcón)
Con unos cabos, regulo la altura de la escalera, y luego cuelgo el fuera de borda.
Piolazo al Yamahita, y el Puxador hizo una llegada lenta pero triunfal al puerto de Gustavia, empujado por el ruidoso 2 tiempos a fondo, paseándose entre todos los megayates que la noche anterior casi les dejamos un recuerdo en las bandas, grabados con el ancla en proa del Puxa.
Sin dudas, llegábamos a la bahía de la isla más cara del mundo, de la manera más precaria. Pero con orgullo!
Pasamos unos días fondeados en Gustavia.
Tal como estaba planificado, Lisa desembarcaba allí. Y yo, sin dudas, no iba a encarar el arreglo del motor en esa isla donde una bocha de helado cuesta 15 euros. Así que no quedaba otra que volver a Saint Martin, donde ya estaba en contacto con un mecánico.
Teníamos unas 25 millas hasta Marigot, capital del lado Francés de St Martin, donde tiene el taller el mecánico. Para esta navegación decidí izar la genoa (que aún no la había estrenado, después de un arreglo, anécdota que contaré luego). Prefería tener listo un poco más de trapo, que eventualmente se puede enrrollar.
Siendo casi estafadores, con Jessy le pudimos vender está travesía de regreso a St Martin, a John. El discurso fue: vení a hacer yoga y tener una verdadera experiencia de navegación a vela, sin motor.
Lo intentamos vender sin expectativas, porque igual teníamos que volver, con o sin cliente.
Pero a John le gustó la idea!
Así fue que lo embarcamos con el dinghy en Gustavia, y mientras él hacía snorkel cerca del barco, pasé el motor del dinghy al barco.
A todo esto, además de estar sin motor, desde hace unas semanas, estaba también sin malacate de ancla. Así que a John no sólo le cobramos por una travesía sin motor, sino que también lo mandamos a levantar 30 metros de cadena a mano!
Piolazo al Yamaha, y lentamente nos alejamos de los megayates. Izamos velas, y con el aparejito improvisado, levanté la escalera para que el fuera de borda no quede en el agua.
Tuvimos una navegación espectacular! Cómoda y rápida, llevados por el timón de viento (que tengo instalado desde el 2025, un Hydrovane).
Para no sentirnos tan tan estafadores, le habíamos prometido a John, una noche en Tintamarre: es una isla parte del Parque Nacional que pertenece a St Martin. Yo ya conocía bien la isla, fondear a vela no iba a ser un problema.
Llegamos de noche, con un cielo completamente estrellado. A mañana, una clase de yoga en la playa. Y al mediodía, pusimos proa a Marigot, St Martin, donde desembarcaría John.
Inesperadamente, tuvimos la propina más alta de todos los retiros de yoga. Se ve que John era un verdadero aventurero y no se sintió estafado.
Al día siguiente vino el mecánico.
Tras varias pruebas su diagnóstico fue: válvula rota.
Así que sacó la tapa de cilindro y se llevó todo al taller. Había que encargar las piezas y esperar que lleguen. La causa: se rompió un resorte, lo que hizo romper la válvula y doblar la varilla.
Por suerte no teníamos ningún retiro de yoga planificado.
Pero para mí pesar, en 15 días, llegaba mí madre y una amiga suya, de visitas. Iba a ser la primera vez de ellas en el Caribe y el plan era navegar y conocer otros lugares, no solamente St Martin, que está lejos de ser mí isla favorita.
Una semana después de haber encargado válvulas resortes, varillas, junta, etc, el mecánico se da cuenta que la tapa de cilindros también estaba rota: la había atravesado la válvula.
Creo que en ese momento aprendí a putear en Francés, aunque no se lo dije.
Pedir la tapa de cilindros 10 días más tarde, no solo atrasaba la reparación, sino que encarecía todo: no era el mismo precio comprar un “kit” y pagar un solo envío, que comprar por separado, pagar dos envíos, tener armar todo, tener que asentar válvulas, etc.
Se aproximaba la fecha de llegada de mí madre. Y las piezas no llegaban. Navegar a vela, era una posibilidad, ya estaba comprobado. Pero Jessy se había desembarcado y no iba a contar con su ayuda para las maniobras.
Así y todo, decidí hacer la travesía. Pero usé otra estrategia: las maniobras en puerto las iba a hacer con el dinghy, remolcando el barco.
Esto ya lo había probado y me había dado buen resultado:
El dinghy en proa del barco, “marcha atrás”. De esta manera, podía llevar el barco a dónde quería sin necesidad de que haya alguien a bordo. Para que el Yamaha empuje suficiente, en vez de ir en reversa, iba en avante, girando la caña del motor 180 grados.
Y así fue, que con mí madre y su amiga zarpamos de St Martin, y en los 12 días que estuvieron a bordo, pudimos ir a Tintamarre, Fourchue, St Barths, y también Anguilla, todos los destinos que “les había prometido, lo más lindo de la zona”
Navegaba a vela lo más posible, y si se ponía difícil avanzar por los vientos borneantes dentro de algunas bahías, largaba unos pocos metros de cadena, solo para que el ancla toque fondo. Luego, rápidamente me subía al dinghy, iba a proa, y desde el dinghy levantaba el ancla con el control remoto (ahora ya con malacate!). Luego remolcaba el barco hasta el lugar adecuado de fondeo (o boya).
En algunas habías, pude hacer las maniobras sin necesidad de remolcarme con el dinghy.
Algo anecdótico, cuando llegamos a Gustavia, era el fin de semana en que se corría la “St Barths Bucket Regatta”: exclusiva regata de megaveleros, con requisito que el barco sea al menos 100 pies.
Ese día soplaba mucho, y no me animé adentrarme en la bahía entre los barcos: ni navegando a vela ni con el fuera de borda. Por lo que termine fondeando muy cerca del megavelero “M5”, el velero de un solo mástil más grande del mundo.
No quedé muy conforme con mí fondeo, porque ante los diferentes borneos de ambos barcos, por momentos quedábamos cerca. De nuevo el Puxa amenazando con hacer el rayón más caro de la historia.
Los marineros me pidieron que me mueva. Les expliqué que no tenía motor y les pedí si podían ayudarme con alguno de sus “dinghys” de 70Hp.
Me dijeron que no podían hacer esa maniobra porque no estaban autorizados… Al cabo de algunos minutos, levantaron fondeo y se fueron ellos!
Más allá de las circunstancias adversas, fue una gran experiencia para todos: mí madre y su amiga pudieron conocer los destinos planificados, y tuvieron una verdadera experiencia de navegación a vela. Incluso, para los que leen y no conocen esta zona del Caribe: los canales entre islas e islas suelen ponerse movidos con olas de más de 2 metros, y vientos que no suelen ser menos de 20 nudos. Así que es casi una sensación “offshore”.
Para mí, si bien siempre me gustó hacer maniobras a vela, tener el motor regulando en punto muerto es una tranquilidad. Pero en este caso fue un desafío que de otra manera no lo hubiese hecho. Superarlo, llevando de manera segura a mí madre a cada destino, fue la mejor de las experiencias.
Luego del desembarco de ellas, a los pocos días, llegaron las piezas, y tras varias idas y vueltas, el mecánico dejó el motor en correcto funcionamiento.
Ahora sí, después de 5 meses en Puxa volvía a estar completo: genoa, malacate, motor. Cuántos lujos! Así navega cualquiera!
Ya me parezco a los multi-millonarios de St Barths!
SIN ARBOLADURA
Les conté esta experiencia muy enriquecedora, navegando sin motor. Pero voy un poco para atrás en el tiempo, y ahora les cuento otra experiencia, al revés, navegando con motor pero sin arboladura.
Noviembre de 2025.
Estoy cruzando en solitario de St Lucia a Martinica.
Soplan 15 nudos, no mucha ola.
Voy cómodo, mayor a tope y genoa.
El timón de viento lleva la barco.
Tenía que llegar a Martinica porque al otro día embarcaban tripulantes para hacer una travesía de unas 300 millas: Dominica, Guadalupe, Antigua, y destino St Martin, donde uno de los tripus ya tenía vuelo de regreso.
Ya estaba llegando. Faltaban 5 millas al destino: Le Marin, sur de Martinica.
Siento una explosión. Miro a proa. No entiendo que pasa. La genoa está como suelta.
Tardo unos segundos en entender lo que pasó: se soltó el enrollador, desde abajo, la amura! Estoy sin stay de proa!!!!
Filo escota y driza de mayor, en segundos ya tengo la vela mayor arriada.
Voy a la proa: todo el enrollador, por su mismo peso y al quedar libre de amura, se vino hacia popa: está colgando del tope del palo.
Por ser más largo que la altura del palo en cubierta, el enrollador flexionó y se partió la unión entre dos perfiles de aluminio (los perfiles donde está la relinga para izar la vela).
Todo se sacude. La cacerola del enrollador golpea en cubierta. La genoa gualdrapea.
Pongo dos drizas en proa, para asegurar el mástil.
Filo driza de genoa. Pero no puedo bajar la vela!!!
La unión entre dos tramos de los perfiles de aluminio está quebrada y no deja que la vela baje (ya que el gratil de la vela no puede deslizar por la relinga). No me queda otra que bajarla a los tirones, rifando todo el gratil de la vela.
Cómo puedo, acomodo el enrollador, la vela, y amarro todo.
Prendo motor, desconecto el Hydrovane y pongo piloto automático a Le Marin.
Reviso la landa: está bien. Voló el perno.
Se partió? O se salió la chaveta (que reviso periódicamente)? Nunca lo sabré!
Los daños no parecen tan terribles. Pero me preocupa el “conector”: esa pieza de aluminio, que hace la unión entre perfiles de aluminio.
Mí enrollador es Hood. Y esa pieza va “remachada”. Con lo cual, una vez puesta no se puede sacar.
Además de avisar a los tripus que hay un “imprevisto”, hablo con dos amigos que me dió la náutica.
Y si hay algo que aprendí en estos años, es que muchas de las millas que navegué, fueron gracias a todas las personas, experimentadas en sus rubros, que me han ido ayudando a superar las dificultades que se fueron presentando.
Al primero que llamo es a Gerónimo Saint Martin.
Fue uno de mis primeros ídolos de la náutica, cuando tuve mí H20 en el 2015. Me leí todo su blog, le compré el vídeo documental, fui a una charla suya y estreché su mano.
10 años después, en Julio de 2025 lo invito a tomar mates al Puxador, en Martinica, donde él vive actualmente. Mate va, mate viene, le cuento que hace unas semanas me compré un timón de viento: le brillan los ojos.
“A ver, mostramelo, lo tenés acá? Sabés instalarlo? Querés que te ayude a instalarlo?” me dice.
Así se inició nuestra amistad, durante varios encuentros, cenas, noches que durmió a bordo, mates y charlas por la mañana, que tuvimos para concluir la instalación del Hydrovane.
“Gero, se me soltó el stay de proa le digo”
“Bueno, mañana voy para Le Marin” -me dice “y vemos qué podemos hacer. Pero quedate tranquilo pibe, me pasó lo mismo en la India en Guayana Francesa. Se arregla. Seguí tranqui a motor ahora y avísame cuando estés fondeado”.
Luego lo llamo a Alfredo Palau.
A él lo conocí al poco tiempo de comprar este barco en 2021, cuando vino a cambiarme el stay de proa. En el acto, se encariñó (como no podía ser de otra manera) con Ancla.
En 2022, me cambió el resto de la jarcia, caricia de por medio a la negrita.
A partir de allí, sabiendo que yo estaba próximo a zarpar hacia Brasil y dejar mí vida de ingeniero corporativo, me sigue por las redes, siempre dándome consejos muy útiles sobre maniobras, trimado, puesta a punto, etc.
Le cuento lo que pasó: “cagaste” -me dice.
“Esa pieza no se fabrica más. Si estuvieras acá, capaz tengo alguna en el taller. Pero así y todo no vas a poder sacar la pieza rota porque está remachada. Es la macana de los Hood…”
Me dejó helado. Y ahora?
No sólo no sabía cuánto me iba a salir la joda. Sino que también iba para largo, peligrando la travesía y el dinero que iba a ganar.
Pienso en voz alta:
“Bueno, puedo sacar el enrollador, y hacerle poner garruchos al foque: rápido y barato, y no se atrasa tanto la travesía”.
“O con cuidado y despacio, puedo izar el foque alineando a mano los perfiles de aluminio, y luego lo arrío de la misma manera, en cada navegación, sin usar el enrollador.” -me digo a mí mismo.
“Al fin y al cabo, esa pieza, no solo mantiene los perfiles alineados, sino que transmite el esfuerzo giro de abajo hacia arriba, de cada tramo de aluminio, incluyendo la vela, a la hora de enrollar.”
No sé si serán viables, pero eran ideas que me daban vuelta por la cabeza.
Suena el celu: Alfredo
“Gastón, escúchame. Hablé con un amigo. Me dice que él ya arregló varios. Te explico lo que tenés que hacer… “
Ahora me brillan los ojos a mí, como cuando le brillaron a Gerónimo cuando le conté del timón de viento!
Ya tenía un plan!
Llegaron los tripus: Alberto, español, ingeniero, exactamente un día más chico que yo, con poca experiencia navegando pero con ganas de aprender.
Jeff: americano/australiano, bombero y surfer, de unos 60 años. Viajando por el mundo en busca de olas y aventuras.
Ambos no dudaron en ayudar en lo que fuera necesario, e incluso hacerme sentir tranquilo que “son cosas que pasan y si hace falta se revisa la travesía”.
Así que con ellos dos, y Gerónimo, se armó el equipo de trabajo.
Lo primero que hicimos, fue a modo pirata, abarloar el barco en una de las marinas que hay en Le Marin.
Para cuando vinieron a preguntarnos qué estábamos haciendo o si teníamos permiso, yo ya me había subido al palo, soltado el enrollador, y entre todos lo habíamos bajado.
Pedí disculpas “por la intromisión” y me llevé el barco a su fondeo habitual.
En un rincón de la marina, ya sin el barco que llame la atención, empezamos a desarmar: abrir el norseman, y sacar los perfiles de aluminio.
Luego vino el truco del amigo de Palau:
Con una lima redonda, comimos el perfil arriba de la zona remachada, hasta que la pieza interna queda suelta.
Así sacamos las dos mitades rotas.
El primer día de trabajo venía siendo un éxito!
Luego tuvimos que ver dónde hacer soldar esa pieza.
Martinica es una isla francesa, y acá es todo bien europeo. Lo roto se reemplaza por nuevo.
El problema es que esa pieza no se consigue, entonces me ofrecían un enrollador nuevo por varios miles de euros.
En uno de los talleres donde sueldan metales, el empleado me dice que me lo hace en una hora. Perfecto le digo. Hasta que se acerca el jefe del taller y me dice: “no podemos hacer ese trabajo. Es riesgoso, puede poner el barco y tripulantes en peligro.”
Yo asumo el riesgo, le digo. Te firmo algo si querés. Se niega.
No hay forma de que lo autoricen, aunque el soldador había dicho que lo podía hacer.
Voy al otro taller especializado, y misma historia, hasta que finalmente tras algunas súplicas, aceptan hacerlo, pero sin darme garantía. Hacelo nomás le digo! Para mañana? Sí, me dice.
Al otro día, con la pieza soldada había que volver a armar todo.
Pero se me ocurre una idea, que iba a dar más tranquilidad al reparo! La pieza que se había arreglado, era la de abajo de todo. Y supongo que es la que recibe más esfuerzo a la hora de enrollar.
Saquemos la de arriba les digo a los chicos!
Con el mismo método indicado por Palau, limamos los perfiles superiores. Sacamos la pieza original y entera de arriba, y esa la pusimos en la posición inferior. Gero se encargó de remachar a los martillazos, sobre el canto de un destornillador, apoyado en el perfil.
La pieza soldada, que podría llegar a ser no muy resistente, la puse arriba en todo, donde solamente enrolla el último triángulito del tope de la vela. En caso que la soldadura no aguante, la consecuencia no sería catastrófica.
Pasamos el stay por dentro de los perfiles, y supervisado por Gerónimo, armé el norseman.
Busqué el barco, de nuevo me abarloé con la filosofía de “mejor pedir perdón que permiso” y con el último rayo de sol me subí al palo para colgar el enrollador.
Tras la exitosa reparación, con Gero acomodamos todo mientras Albert y Jeff se fueron a hacer compras para una cena de festejos!
Invité a Gero a pasar el fin de semana a bordo, junto con los trípus, navegando del sur al norte de Martinica.
Al otro día zarpamos los 4 (5, con Ancla), 15 millas hasta Grand Anse, donde pudimos apreciar el fenómeno del rayo verde. Luego seguimos a Anse Dufour para finalzar en Fort de France, capital de la isla, donde me despedí de Gero:
El Puxa se iba de Martínica, con su flamante enrollador, a St Martin, sin fecha de retorno.
A pesar de los atrasos del inicio, pudimos explorar Dominica, Guadalupe, Antigua, y llegar a tiempo para el vuelo de regreso de Alberto desde St Martin, a fines de Diciembre 2025.
El Puxa ya estaba en St Martin, listo para recibir a los clientes de los retiros de yoga que comenzaban a llegar en algunas semanas… pobre Puxador, no sabía la que le esperaba!!!
Voy a saltar un poco en el tiempo, dejando el desenlace de esa situación para otra entrega, junto con la navegación del Amazonas al Caribe y los lugares que exploré durante 2025.
Vamos a Febrero de 2026. Me encuentro en la isla de Fourchue, que pertenece a Saint Barthelemy, el destino turístico más caro del mundo. Las separa un canal de 2.5 millas.
A bordo del Puxa, por supuesto que está Anclita, mí fiel compañera perruna, nacida en las islas de Rosario y que ya visitó 15 países. Además, están Jessy y Lisa.
Jessy es profe de yoga. Organiza retiros en veleros, y desde hace algo más de un mes está trabajando en equipo conmigo. Lisa, es una clienta de Jessy.
Lisa había embarcado en la isla de Saint Martin hace algunos días, y como parte del Retiro, había tenido su clase de Yoga en Fourchue.
Ahora teníamos que navegar 5 millas hasta Gustavia, la capital de St Barths (Barthelemy)
Luego del almuerzo, zarpamos. El retiro de yoga incluye clases de navegación a vela (por mí cuenta), por lo que icé la mayor a tope y desplegué el foque. La genoa estaba estibada dentro del barco, los días previos había soplado bastante.
Lisa en el timón, intentamos cruzar el canal que separa ambas islas, pero la corriente era fuerte y había poco viento, por lo que decido apoyar a motor para llegar a la bahía de Gustavia antes que caiga la noche.
Terminando de cruzar el canal, mí oído percibe una leve caída de RPMs del motor que me llama la atención. Miro el escape y veo un humo blanco por lo que rápidamente paró el motor.
Le digo a Jessy que mantenga el rumbo que voy a revisar el motor. Por el color del humo, sospecho del circuito de refrigeración.
Si hay algo que ya metí mano en el Nanni, es en el circuito de agua, así que rápidamente hago todos los chequeos: el rotor está ok, y le llega agua de la toma de mar. El termostato está ok y los pequeños ductos “de alivio” (para cuando lo termostato está cerrado) están limpios.
Soplo por las mangueras que van al motor y al escape y el aire circula sin problema.
Desconecto la salida de la bomba de agua, y al girar el burro, tira agua con presión normal.
Qué raro! Hablo con mí amigo Rosarino que siempre me salva las papas con la mecánica, no sé le ocurre nada. Probá de arrancarlo me dice:
El motor arranca enseguida, como siempre, pero hace un ruido raro y humea. Lo paro.
Salgo al cockpit a ver cómo iba la navegación. El rumbo era malo, así que tiramos un borde. El nuevo rumbo era peor aún, directo a las piedras al final de la bahía, así que al poco tiempo tiramos otro borde.
La tarde empezaba a caer y con ella también el viento.
Teníamos que ganar barlovento pero sobre todo ganarle a la corriente en contra, que en esa zona corre de Sur a Norte a 1.5 nudos aproximadamente.
La situación a bordo, por suerte, estaba más que tranquila.
Estas circunstancias, con tripus y amigos, es una cosa. Pero con un cliente de un retiro de yoga, es otra, ya que esperan un “servicio de lujo”.
Pero por suerte el único preocupado era yo, pensando en cual sería el problema del motor y cómo resolverlo. Jessy y Lisa disfrutaban la navegación durante el atardecer.
Casi sin progresos contra la corriente, decido tirar otro borde. El viento seguía disminuyendo y nos estábamos alejando de la costa.
Riesgo no había.
A sotavento / sota correntada, teniamos Fourchue. Y 15 millas más lejos, Saint Martin.
El principal problema era que Lisa tenía reservada una salida de buceo, a la mañana siguiente, en St Barths. Por lo tanto volver no era una opción. Había que llegar y cumplir con el cliente.
Lentamente, derivados por la corriente, nos acercamos a la isla. Ya era completamente de noche.
La zona de fondeo de veleros es frente a Gustavia, una milla a barlovento. Pero no iba a haber manera de llegar allí con esas condiciones de viento casi nulo y corriente.
De hecho, con el viento disminuyendo, ya empezaba a preocuparme si iba a llegar a la costa de la isla o iba a ser derivado y terminar en el canal que la separa de Fourchue.
Pero lo más desafiante de todo: los lujosos megayates fondeados en la zona a la que nos dirigíamos.
Y hablo de megayates en serio. Muchos de ellos con su propio helipuerto.
“A ese le pasó por proa” pensaba… y estando cerca, no me quedaba otra que apuntarle a la popa. “Bueno al próximo sí lo paso por proa” Y tampoco. Así fueron varios. No podía evitar caer por la deriva de la correntada y cuanto más me acercaba a la costa, menos viento, reparado por estos monstruosos hoteles de lujo flotantes.
El Puxa iba despacito y silencioso, solo con luz de navegación, pasándole finito a los megayates, con la mirada sorprendida de algunos marineros de punta en blanco. Quizás pensaban que éramos verdaderos piratas que nos acercábamos sigilosamente.
A menos de 500 metros de las piedras donde termina la bahía, en el último rinconcito viable y sin megayates cerca, solté el ancla.
Llegamos!!!
Nos levantamos temprano: había que hacer migraciones y llevar a Lisa a tiempo para su salida de buceo. Teníamos que hacer 1.5 millas en el dinghy (que es lento, no planea), hasta Gustavia.
Para la logística de los próximos días, decidí que era mejor llevar el barco a Gustavia. Así que puse manos a la obra: no en el motor interno del barco, sino preparando el “soporte para fuera de borda”.
Esto ya lo había probado en Rosario: en la escalera de popa, instaló el espejo plástico (donde se cuelga el fuera de borda en el balcón)
Con unos cabos, regulo la altura de la escalera, y luego cuelgo el fuera de borda.
Piolazo al Yamahita, y el Puxador hizo una llegada lenta pero triunfal al puerto de Gustavia, empujado por el ruidoso 2 tiempos a fondo, paseándose entre todos los megayates que la noche anterior casi les dejamos un recuerdo en las bandas, grabados con el ancla en proa del Puxa.
Sin dudas, llegábamos a la bahía de la isla más cara del mundo, de la manera más precaria. Pero con orgullo!
Pasamos unos días fondeados en Gustavia.
Tal como estaba planificado, Lisa desembarcaba allí. Y yo, sin dudas, no iba a encarar el arreglo del motor en esa isla donde una bocha de helado cuesta 15 euros. Así que no quedaba otra que volver a Saint Martin, donde ya estaba en contacto con un mecánico.
Teníamos unas 25 millas hasta Marigot, capital del lado Francés de St Martin, donde tiene el taller el mecánico. Para esta navegación decidí izar la genoa (que aún no la había estrenado, después de un arreglo, anécdota que contaré luego). Prefería tener listo un poco más de trapo, que eventualmente se puede enrrollar.
Siendo casi estafadores, con Jessy le pudimos vender está travesía de regreso a St Martin, a John. El discurso fue: vení a hacer yoga y tener una verdadera experiencia de navegación a vela, sin motor.
Lo intentamos vender sin expectativas, porque igual teníamos que volver, con o sin cliente.
Pero a John le gustó la idea!
Así fue que lo embarcamos con el dinghy en Gustavia, y mientras él hacía snorkel cerca del barco, pasé el motor del dinghy al barco.
A todo esto, además de estar sin motor, desde hace unas semanas, estaba también sin malacate de ancla. Así que a John no sólo le cobramos por una travesía sin motor, sino que también lo mandamos a levantar 30 metros de cadena a mano!
Piolazo al Yamaha, y lentamente nos alejamos de los megayates. Izamos velas, y con el aparejito improvisado, levanté la escalera para que el fuera de borda no quede en el agua.
Tuvimos una navegación espectacular! Cómoda y rápida, llevados por el timón de viento (que tengo instalado desde el 2025, un Hydrovane).
Para no sentirnos tan tan estafadores, le habíamos prometido a John, una noche en Tintamarre: es una isla parte del Parque Nacional que pertenece a St Martin. Yo ya conocía bien la isla, fondear a vela no iba a ser un problema.
Llegamos de noche, con un cielo completamente estrellado. A mañana, una clase de yoga en la playa. Y al mediodía, pusimos proa a Marigot, St Martin, donde desembarcaría John.
Inesperadamente, tuvimos la propina más alta de todos los retiros de yoga. Se ve que John era un verdadero aventurero y no se sintió estafado.
Al día siguiente vino el mecánico.
Tras varias pruebas su diagnóstico fue: válvula rota.
Así que sacó la tapa de cilindro y se llevó todo al taller. Había que encargar las piezas y esperar que lleguen. La causa: se rompió un resorte, lo que hizo romper la válvula y doblar la varilla.
Por suerte no teníamos ningún retiro de yoga planificado.
Pero para mí pesar, en 15 días, llegaba mí madre y una amiga suya, de visitas. Iba a ser la primera vez de ellas en el Caribe y el plan era navegar y conocer otros lugares, no solamente St Martin, que está lejos de ser mí isla favorita.
Una semana después de haber encargado válvulas resortes, varillas, junta, etc, el mecánico se da cuenta que la tapa de cilindros también estaba rota: la había atravesado la válvula.
Creo que en ese momento aprendí a putear en Francés, aunque no se lo dije.
Pedir la tapa de cilindros 10 días más tarde, no solo atrasaba la reparación, sino que encarecía todo: no era el mismo precio comprar un “kit” y pagar un solo envío, que comprar por separado, pagar dos envíos, tener armar todo, tener que asentar válvulas, etc.
Se aproximaba la fecha de llegada de mí madre. Y las piezas no llegaban. Navegar a vela, era una posibilidad, ya estaba comprobado. Pero Jessy se había desembarcado y no iba a contar con su ayuda para las maniobras.
Así y todo, decidí hacer la travesía. Pero usé otra estrategia: las maniobras en puerto las iba a hacer con el dinghy, remolcando el barco.
Esto ya lo había probado y me había dado buen resultado:
El dinghy en proa del barco, “marcha atrás”. De esta manera, podía llevar el barco a dónde quería sin necesidad de que haya alguien a bordo. Para que el Yamaha empuje suficiente, en vez de ir en reversa, iba en avante, girando la caña del motor 180 grados.
Y así fue, que con mí madre y su amiga zarpamos de St Martin, y en los 12 días que estuvieron a bordo, pudimos ir a Tintamarre, Fourchue, St Barths, y también Anguilla, todos los destinos que “les había prometido, lo más lindo de la zona”
Navegaba a vela lo más posible, y si se ponía difícil avanzar por los vientos borneantes dentro de algunas bahías, largaba unos pocos metros de cadena, solo para que el ancla toque fondo. Luego, rápidamente me subía al dinghy, iba a proa, y desde el dinghy levantaba el ancla con el control remoto (ahora ya con malacate!). Luego remolcaba el barco hasta el lugar adecuado de fondeo (o boya).
En algunas habías, pude hacer las maniobras sin necesidad de remolcarme con el dinghy.
Algo anecdótico, cuando llegamos a Gustavia, era el fin de semana en que se corría la “St Barths Bucket Regatta”: exclusiva regata de megaveleros, con requisito que el barco sea al menos 100 pies.
Ese día soplaba mucho, y no me animé adentrarme en la bahía entre los barcos: ni navegando a vela ni con el fuera de borda. Por lo que termine fondeando muy cerca del megavelero “M5”, el velero de un solo mástil más grande del mundo.
No quedé muy conforme con mí fondeo, porque ante los diferentes borneos de ambos barcos, por momentos quedábamos cerca. De nuevo el Puxa amenazando con hacer el rayón más caro de la historia.
Los marineros me pidieron que me mueva. Les expliqué que no tenía motor y les pedí si podían ayudarme con alguno de sus “dinghys” de 70Hp.
Me dijeron que no podían hacer esa maniobra porque no estaban autorizados… Al cabo de algunos minutos, levantaron fondeo y se fueron ellos!
Más allá de las circunstancias adversas, fue una gran experiencia para todos: mí madre y su amiga pudieron conocer los destinos planificados, y tuvieron una verdadera experiencia de navegación a vela. Incluso, para los que leen y no conocen esta zona del Caribe: los canales entre islas e islas suelen ponerse movidos con olas de más de 2 metros, y vientos que no suelen ser menos de 20 nudos. Así que es casi una sensación “offshore”.
Para mí, si bien siempre me gustó hacer maniobras a vela, tener el motor regulando en punto muerto es una tranquilidad. Pero en este caso fue un desafío que de otra manera no lo hubiese hecho. Superarlo, llevando de manera segura a mí madre a cada destino, fue la mejor de las experiencias.
Luego del desembarco de ellas, a los pocos días, llegaron las piezas, y tras varias idas y vueltas, el mecánico dejó el motor en correcto funcionamiento.
Ahora sí, después de 5 meses en Puxa volvía a estar completo: genoa, malacate, motor. Cuántos lujos! Así navega cualquiera!
Ya me parezco a los multi-millonarios de St Barths!
SIN ARBOLADURA
Les conté esta experiencia muy enriquecedora, navegando sin motor. Pero voy un poco para atrás en el tiempo, y ahora les cuento otra experiencia, al revés, navegando con motor pero sin arboladura.
Noviembre de 2025.
Estoy cruzando en solitario de St Lucia a Martinica.
Soplan 15 nudos, no mucha ola.
Voy cómodo, mayor a tope y genoa.
El timón de viento lleva la barco.
Tenía que llegar a Martinica porque al otro día embarcaban tripulantes para hacer una travesía de unas 300 millas: Dominica, Guadalupe, Antigua, y destino St Martin, donde uno de los tripus ya tenía vuelo de regreso.
Ya estaba llegando. Faltaban 5 millas al destino: Le Marin, sur de Martinica.
Siento una explosión. Miro a proa. No entiendo que pasa. La genoa está como suelta.
Tardo unos segundos en entender lo que pasó: se soltó el enrollador, desde abajo, la amura! Estoy sin stay de proa!!!!
Filo escota y driza de mayor, en segundos ya tengo la vela mayor arriada.
Voy a la proa: todo el enrollador, por su mismo peso y al quedar libre de amura, se vino hacia popa: está colgando del tope del palo.
Por ser más largo que la altura del palo en cubierta, el enrollador flexionó y se partió la unión entre dos perfiles de aluminio (los perfiles donde está la relinga para izar la vela).
Todo se sacude. La cacerola del enrollador golpea en cubierta. La genoa gualdrapea.
Pongo dos drizas en proa, para asegurar el mástil.
Filo driza de genoa. Pero no puedo bajar la vela!!!
La unión entre dos tramos de los perfiles de aluminio está quebrada y no deja que la vela baje (ya que el gratil de la vela no puede deslizar por la relinga). No me queda otra que bajarla a los tirones, rifando todo el gratil de la vela.
Cómo puedo, acomodo el enrollador, la vela, y amarro todo.
Prendo motor, desconecto el Hydrovane y pongo piloto automático a Le Marin.
Reviso la landa: está bien. Voló el perno.
Se partió? O se salió la chaveta (que reviso periódicamente)? Nunca lo sabré!
Los daños no parecen tan terribles. Pero me preocupa el “conector”: esa pieza de aluminio, que hace la unión entre perfiles de aluminio.
Mí enrollador es Hood. Y esa pieza va “remachada”. Con lo cual, una vez puesta no se puede sacar.
Además de avisar a los tripus que hay un “imprevisto”, hablo con dos amigos que me dió la náutica.
Y si hay algo que aprendí en estos años, es que muchas de las millas que navegué, fueron gracias a todas las personas, experimentadas en sus rubros, que me han ido ayudando a superar las dificultades que se fueron presentando.
Al primero que llamo es a Gerónimo Saint Martin.
Fue uno de mis primeros ídolos de la náutica, cuando tuve mí H20 en el 2015. Me leí todo su blog, le compré el vídeo documental, fui a una charla suya y estreché su mano.
10 años después, en Julio de 2025 lo invito a tomar mates al Puxador, en Martinica, donde él vive actualmente. Mate va, mate viene, le cuento que hace unas semanas me compré un timón de viento: le brillan los ojos.
“A ver, mostramelo, lo tenés acá? Sabés instalarlo? Querés que te ayude a instalarlo?” me dice.
Así se inició nuestra amistad, durante varios encuentros, cenas, noches que durmió a bordo, mates y charlas por la mañana, que tuvimos para concluir la instalación del Hydrovane.
“Gero, se me soltó el stay de proa le digo”
“Bueno, mañana voy para Le Marin” -me dice “y vemos qué podemos hacer. Pero quedate tranquilo pibe, me pasó lo mismo en la India en Guayana Francesa. Se arregla. Seguí tranqui a motor ahora y avísame cuando estés fondeado”.
Luego lo llamo a Alfredo Palau.
A él lo conocí al poco tiempo de comprar este barco en 2021, cuando vino a cambiarme el stay de proa. En el acto, se encariñó (como no podía ser de otra manera) con Ancla.
En 2022, me cambió el resto de la jarcia, caricia de por medio a la negrita.
A partir de allí, sabiendo que yo estaba próximo a zarpar hacia Brasil y dejar mí vida de ingeniero corporativo, me sigue por las redes, siempre dándome consejos muy útiles sobre maniobras, trimado, puesta a punto, etc.
Le cuento lo que pasó: “cagaste” -me dice.
“Esa pieza no se fabrica más. Si estuvieras acá, capaz tengo alguna en el taller. Pero así y todo no vas a poder sacar la pieza rota porque está remachada. Es la macana de los Hood…”
Me dejó helado. Y ahora?
No sólo no sabía cuánto me iba a salir la joda. Sino que también iba para largo, peligrando la travesía y el dinero que iba a ganar.
Pienso en voz alta:
“Bueno, puedo sacar el enrollador, y hacerle poner garruchos al foque: rápido y barato, y no se atrasa tanto la travesía”.
“O con cuidado y despacio, puedo izar el foque alineando a mano los perfiles de aluminio, y luego lo arrío de la misma manera, en cada navegación, sin usar el enrollador.” -me digo a mí mismo.
“Al fin y al cabo, esa pieza, no solo mantiene los perfiles alineados, sino que transmite el esfuerzo giro de abajo hacia arriba, de cada tramo de aluminio, incluyendo la vela, a la hora de enrollar.”
No sé si serán viables, pero eran ideas que me daban vuelta por la cabeza.
Suena el celu: Alfredo
“Gastón, escúchame. Hablé con un amigo. Me dice que él ya arregló varios. Te explico lo que tenés que hacer… “
Ahora me brillan los ojos a mí, como cuando le brillaron a Gerónimo cuando le conté del timón de viento!
Ya tenía un plan!
Llegaron los tripus: Alberto, español, ingeniero, exactamente un día más chico que yo, con poca experiencia navegando pero con ganas de aprender.
Jeff: americano/australiano, bombero y surfer, de unos 60 años. Viajando por el mundo en busca de olas y aventuras.
Ambos no dudaron en ayudar en lo que fuera necesario, e incluso hacerme sentir tranquilo que “son cosas que pasan y si hace falta se revisa la travesía”.
Así que con ellos dos, y Gerónimo, se armó el equipo de trabajo.
Lo primero que hicimos, fue a modo pirata, abarloar el barco en una de las marinas que hay en Le Marin.
Para cuando vinieron a preguntarnos qué estábamos haciendo o si teníamos permiso, yo ya me había subido al palo, soltado el enrollador, y entre todos lo habíamos bajado.
Pedí disculpas “por la intromisión” y me llevé el barco a su fondeo habitual.
En un rincón de la marina, ya sin el barco que llame la atención, empezamos a desarmar: abrir el norseman, y sacar los perfiles de aluminio.
Luego vino el truco del amigo de Palau:
Con una lima redonda, comimos el perfil arriba de la zona remachada, hasta que la pieza interna queda suelta.
Así sacamos las dos mitades rotas.
El primer día de trabajo venía siendo un éxito!
Luego tuvimos que ver dónde hacer soldar esa pieza.
Martinica es una isla francesa, y acá es todo bien europeo. Lo roto se reemplaza por nuevo.
El problema es que esa pieza no se consigue, entonces me ofrecían un enrollador nuevo por varios miles de euros.
En uno de los talleres donde sueldan metales, el empleado me dice que me lo hace en una hora. Perfecto le digo. Hasta que se acerca el jefe del taller y me dice: “no podemos hacer ese trabajo. Es riesgoso, puede poner el barco y tripulantes en peligro.”
Yo asumo el riesgo, le digo. Te firmo algo si querés. Se niega.
No hay forma de que lo autoricen, aunque el soldador había dicho que lo podía hacer.
Voy al otro taller especializado, y misma historia, hasta que finalmente tras algunas súplicas, aceptan hacerlo, pero sin darme garantía. Hacelo nomás le digo! Para mañana? Sí, me dice.
Al otro día, con la pieza soldada había que volver a armar todo.
Pero se me ocurre una idea, que iba a dar más tranquilidad al reparo! La pieza que se había arreglado, era la de abajo de todo. Y supongo que es la que recibe más esfuerzo a la hora de enrollar.
Saquemos la de arriba les digo a los chicos!
Con el mismo método indicado por Palau, limamos los perfiles superiores. Sacamos la pieza original y entera de arriba, y esa la pusimos en la posición inferior. Gero se encargó de remachar a los martillazos, sobre el canto de un destornillador, apoyado en el perfil.
La pieza soldada, que podría llegar a ser no muy resistente, la puse arriba en todo, donde solamente enrolla el último triángulito del tope de la vela. En caso que la soldadura no aguante, la consecuencia no sería catastrófica.
Pasamos el stay por dentro de los perfiles, y supervisado por Gerónimo, armé el norseman.
Busqué el barco, de nuevo me abarloé con la filosofía de “mejor pedir perdón que permiso” y con el último rayo de sol me subí al palo para colgar el enrollador.
Tras la exitosa reparación, con Gero acomodamos todo mientras Albert y Jeff se fueron a hacer compras para una cena de festejos!
Invité a Gero a pasar el fin de semana a bordo, junto con los trípus, navegando del sur al norte de Martinica.
Al otro día zarpamos los 4 (5, con Ancla), 15 millas hasta Grand Anse, donde pudimos apreciar el fenómeno del rayo verde. Luego seguimos a Anse Dufour para finalzar en Fort de France, capital de la isla, donde me despedí de Gero:
El Puxa se iba de Martínica, con su flamante enrollador, a St Martin, sin fecha de retorno.
A pesar de los atrasos del inicio, pudimos explorar Dominica, Guadalupe, Antigua, y llegar a tiempo para el vuelo de regreso de Alberto desde St Martin, a fines de Diciembre 2025.
El Puxa ya estaba en St Martin, listo para recibir a los clientes de los retiros de yoga que comenzaban a llegar en algunas semanas… pobre Puxador, no sabía la que le esperaba!!!
- Adjuntos
-
- Marine Traffic de esa noche
- Screenshot_20260608_102802_Photos.jpg (63.49 KiB) Visto 652 veces
-
- Finito al megayate
- Screenshot_20260608_102922_Photos.jpg (53.88 KiB) Visto 652 veces
-
- Llegando a St Barths sin motor
- Screenshot_20260608_102940_Photos.jpg (164.93 KiB) Visto 652 veces
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Fotos
- Adjuntos
-
- Enrollador roto
- Screenshot_20260608_102503_Photos.jpg (60.84 KiB) Visto 649 veces
-
- Navegando a vela
- Screenshot_20260608_103206_Photos.jpg (160.56 KiB) Visto 649 veces
-
- Fuera de borda listo para llevarnos a Gustavia
- Screenshot_20260608_103057_Photos.jpg (108.91 KiB) Visto 649 veces
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Más fotos
- Adjuntos
-
- Uno de los participantes de la Bucket Regatta
- Screenshot_20260608_102202_Gallery.jpg (94.22 KiB) Visto 649 veces
-
- Lío en cubierta
- Screenshot_20260608_102547_Photos.jpg (104.55 KiB) Visto 649 veces
-
- Fondeados cerca del M5
- Screenshot_20260608_102256_Gallery.jpg (62.49 KiB) Visto 649 veces
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Fotos
- Adjuntos
-
- Ancla supervisando
- Screenshot_20260608_102509_Photos.jpg (85.2 KiB) Visto 649 veces
-
- Pieza soldada
- Screenshot_20260608_102453_Photos.jpg (100.91 KiB) Visto 649 veces
-
- Instalando timón de viento
- Screenshot_20260608_102709_Photos.jpg (91.34 KiB) Visto 649 veces
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Auto remolque
- Adjuntos
-
- Screenshot_20260608_103309_Photos.jpg (155.45 KiB) Visto 648 veces
- Mariano Grumete
- Mensajes: 4759
- Registrado: Lun Jul 30, 2018 11:49 am
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Muy Bueno Puxa. Gracias por compartir. Abrazo
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
muy lindo el relato gracias aca estamos atentos a seguir leyendo !!!!
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Muchas gracias por compartir, suerte y buenos vientos.
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Muchas gracias!
-
huevito2000
- Mensajes: 31
- Registrado: Mié Nov 07, 2018 3:51 pm
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Excelente Gaston!
ojala algún día pueda sumarme al Puxa en alguna pierna
abz desde baires
ojala algún día pueda sumarme al Puxa en alguna pierna
abz desde baires
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Gracias a todos! Espero haberlos hecho "navegar y resolver problemas" a la distanciahuevito2000 escribió: ↑Mar Jun 09, 2026 3:27 pmExcelente Gaston!
ojala algún día pueda sumarme al Puxa en alguna pierna
abz desde baires
Huevito2000 con gusto escribime y charlamos.
Ahora estoy en Martinica. Rodando Octubre estoy pensando hacer una pierna larga al Oeste, con destino final Panamá (San Blas), posibles escalada: ABCs Islands (Aruba - Bonaire - Curacao), luego Colombia.
Incluso también Los Roques (Venezuela), aunque esto depende de la situación política y/o costos de migraciones.
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Les comparto un breve reel de instagram que resume la travesía de Noviembre del año pasado, de Martinica a St Martin, incluyendo parte de los trabajos de reparo del enrollador y navegando con Gerónimo Saint Martin
https://www.instagram.com/reel/DVW8K_jk ... B1emdqZWxi
Saludos!
https://www.instagram.com/reel/DVW8K_jk ... B1emdqZWxi
Saludos!
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Que grande Gaston!!!! Los testimonios aportados en cuanto a reparaciones y maniobras de emergencia son siempre bienvenidos!!
Para sacar remaches puede venir bien una agujereadora y mecha del diámetro acorde.
Saludos desde el otoño/invierno rioplatense!
Para sacar remaches puede venir bien una agujereadora y mecha del diámetro acorde.
Saludos desde el otoño/invierno rioplatense!
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Gracias leo!
Perdón que no aclaré. Va "remachado" sobre el mismo perfil de aluminio, que se lo deforma para que haga tope en la pieza interna.
Subo una foto así se entiende.
Saludos! Y a disfrutar esas mañanasfrescas y con niebla a bordo con mate y facturas!
- Adjuntos
-
- Screenshot_20260610_174740_Gallery.jpg (89.91 KiB) Visto 306 veces
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Gastons. Muy lindo tu estilo de vida. Ahora ya que llegaste al paraíso. Y veo que tuviste algunos problemitas con tu nave ..cosa por demás natural de la cual vivís económicamente ..
.Digo .No es momento de cambiar de barco. Aquí todos dicen que por monedas te compras un bavaria 42. Por nombrar alguno Es tan así...???
.Digo .No es momento de cambiar de barco. Aquí todos dicen que por monedas te compras un bavaria 42. Por nombrar alguno Es tan así...???
Re: Navegando el Caribe Sin Motor
Exactamente estoy en ese proceso Albo. Lo tengo publicado para la venta aunque todavía no le di mucha atención ni promoción ya que ando bastante ocupado.Albo escribió: ↑Mié Jun 10, 2026 10:34 pmGastons. Muy lindo tu estilo de vida. Ahora ya que llegaste al paraíso. Y veo que tuviste algunos problemitas con tu nave ..cosa por demás natural de la cual vivís económicamente ..
.Digo .No es momento de cambiar de barco. Aquí todos dicen que por monedas te compras un bavaria 42. Por nombrar alguno Es tan así...???
Cómo bien decis, hay buenas oportunidades, pero tampoco es tan fácil! Varias personas se han clavado comprando barato y/o a la distancia. Incluso pagando 1500 dólares a un surveyor, luego se han encontrado con sorpresas bastante graves.
Y comprando en el exterior esta la cuestión de la bandera, trámites, pago, etc.
En mí caso, estoy dispuesto a perder la bandera Argentina, porque pienso seguir en este camino, y el día que quiera volver a Argentina, veré.
Entonces apunto venderlo a un Argentino, con proceso de compra mucho más sencillo que comprar en el exterior (firma en escribanía Álvarez y listo!). Incluso el pago, puede ser cash en Argentina.
No menciono el precio aquí porque creo que no cumple con las reglas, pero es muy tentador en relación al valor del barco en Argentina, y ni hablar con todo el equipamiento, mantenimiento periódico y ser un barco que demostró solidez y está operativo 100% para navegar y vida a bordo (con problemas, como cualquier barco que navega!)
De todos modos no tengo apuro, si aparece novio Bienvenido.
Mientras, yo sigo con mis planes, ya estoy programando las próximas travesías (de las Antillas a Panamá) y luego Retiros de Yoga ahí, todo con el Puxador.
Si en el medio se vende, recalculo.
Bavaria no creo! Y 42 pies sería el máximo. Quiero seguir pudiendo navegar en solitario y poder bancarlo económicamente también!
Saludos!